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Testimonio conmovedor de un pasajero del vuelo “de los guerrilleros” del 5 de octubre del 75

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Testimonio conmovedor de un pasajero del vuelo “de los guerrilleros” del 5 de octubre del 75

“No iba a ser un día más en mi vida aquel 5 de octubre. Algo presentía cuando se lo comenté a mi madre al despedirme aquella tarde del domingo, rumbo al Aeroparque para viajar a Formosa y de ahí a Paraguay. Tenía solo 24 años, había rendido todas las materias de mi carrera de agronomía, incluso la tesis, y aguardaba la convocatoria para la jura de egresados que se realizaría unos días después.

Pablo Urdapilleta.

Pablo Urdapilleta muestra un impacto de bala que aún se mantiene en el Aeropuerto.

 

Desde hacía unos años trabajaba en el Departamento de Lanas del Ministerio de Agricultura como ayudante técnico y era muy común que viajara a zonas de frontera, donde debía controlar exportaciones ovinas, en este caso unos carneros exportados temporalmente para participar de la Exposición Rural de Asunción.

En el Aeroparque me llamó la atención que un compañero del 5° año del Colegio Nacional desviara su mirada un par de veces al intentar yo saludarlo. Ya en el avión, un Boeing 737, el Ciudad de Trelew recuerdo, me toca ubicarme en el asiento del medio, de la última fila de la izquierda.

En un momento dado, este personaje se dirige al baño tomándose el estómago fingiendo dolor.

Se demora más de diez minutos. Pobre, pensé yo. Le cayó mal el almuerzo del domingo. Cuando estaba a punto de levantarme para preguntarle si necesitaba ayuda me lo veo caminando por el pasillo con una metralleta en la mano, moviéndola en forma amenazante.

Cagamos!!!, pensé, la premonición se estaba cumpliendo.

Urdapilleta regresó a Formosa y visitó El Pucú.

Urdapilleta regresó a Formosa y visitó El Pucú.

Estirando un poco el “pescuezo” alcanzo a ver que dos o tres más, con pistolas en las manos, hacían lo propio con los pasajeros de adelante, pidiendo que levantáramos los brazos.

No había pasado mucho tiempo cuando a través del altoparlante se presentan, nos indican que no nos preocupemos que no iba a ocurrir nada (!!), que los hombres cruzáramos los brazos por detrás de la nuca y que nos identificáramos con el compañero que les va a solicitar el documento.

Cosa que hicieron y nos devolvieron, a excepción de uno que luego supe era militar, gendarme creo, y lo llevaron de rehén.

Al rato, y en un silencio sepulcral, percibimos que el avión comienza a descender. Una vez aterrizado (con gran alivio), desde la cabecera de pista los secuestradores observan con prismáticos lo que ocurría en el edificio del aeropuerto.

Yo todavía no tenía la más mínima idea de donde estábamos. Comienza a acercarse al mismo y en un momento el avión frena abruptamente y comienza a girar para volver a la pista. Se escucharon algunos gritos seguramente por temor a un posible despegue.

Fue un intento nada más, ya que enseguida retomaron el camino al edificio del Aeropuerto. Siempre me pregunté qué habría ocurrido si por la causa que fuera hubiéramos despegado. Terminaríamos todos en el potrero de Santa Fe o atravesaríamos la frontera rumbo a algún país de asilo para los secuestradores?.

Una vez abierta la puerta delantera del avión, por los altoparlantes y en forma socarrona, nos dan la bienvenida al aeropuerto de El Pucú, señalándonos que los que íbamos a Formosa llegamos antes y los que iban a Corrientes, escala intermedia del vuelo, debían disculparlos y viajar allá por sus propios medios.

Y que debíamos seguir estrictamente las indicaciones que nos dieran los compañeros que nos estaban esperando abajo.

La situación en el Aeropuerto era dantesca.

Yo no despaché equipaje y tenía un pequeño bolso de cuero que empecé a colocar –iluso- a modo de escudo de donde creía había mayor posibilidad que llegara la balacera.

Pasamos por una doble fila de gente armada hasta los dientes, con ropa estilo militar, y entramos al hall atiborrado de gente sentada en el piso: estaban los pasajeros que se tomaban el avión de vuelta, quienes los acompañaban, los que iban a buscar a los que venían y nos agregábamos nosotros.

Gritos amenazadores, tiroteos que se escuchaban de afuera, algún tiro al techo para amedrentar, pedido de que se presente el dueño del auto que estaba afuera, que después supe era del interventor provincial, y cuyo chofer estaba entre nosotros y no se identificó, bombazo afuera que después se comentaba que fue una granada que pusieron debajo del auto.

Y en un momento nos dicen que todos debemos acostarnos boca abajo y que no debíamos levantar la cabeza porque tirarían al ras del piso, como lo hicieron en varias oportunidades para demostrar que la cosa iba en serio. Las huellas de estos tiroteos aún hoy se ven en las paredes de El Pucú.

Silencio. Se escuchan corridas desde la entrada al aeropuerto hacia el avión.

Amenazas para que no levantemos las cabezas. Últimos tiros. Silencio. Se escucha el sonido del avión alejándose, y yo, junto con otros, los primeros en levantar la cabeza, sentarnos y cerciorarnos que se habían ido todos en el avión.

Pensé que lo más sano era alejarme de ahí ya que no tenía que esperar equipaje.

Ya estaba fuera y el avión rumbo a la cabecera cuando llega un vehículo, recuerdo vagamente era una F100, con varios disfrazados de militares, pero que no lo eran por sus barbas y pelo largo y armados hasta los dientes, preguntan “que pasó”, algunos les cuentan y dicen que se tiren todos al piso por que va a haber tiroteo. Y saliendo hacia la pista, tiran algunos tiros al aire.

Yo desde la puerta del aeropuerto me preguntaba que m… estaba pasando en Formosa cuando veo que en un vehículo se dirigen hacia el avión, éste abre la puerta y los cuatro o cinco se suben.

Sin dudarlo, y usando nuevamente el bolso como escudo y pensando en la posibilidad que llegaran otros y el avión no estuviera y me convirtiera nuevamente en rehén, salí corriendo hacia la ruta 11 donde una camioneta, ante los gestos desesperados que hacíamos, nos lleva en la caja rumbo a la ciudad de Formosa.

Lo que viví después será motivo de una próxima oportunidad.

Pablo Urdapilleta

DNI 8.503.515

Director de Programación para el Desarrollo

Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación

ESPECIAL PARA NOTICIASFORMOSA

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