Hay momentos en donde la vida pone a prueba a todos y fue lo que ocurrió con la mamá de Samuel, un niño de 12 años que murió luego de que su familia pensó que tenía una gripe simple. Su madre habló sobre la importancia de actuar rápido y los efectos sobre la vida de los niños.
El caso ocurrió en la ciudad de Río de Janeiro, donde Samuel comenzó a presentar síntomas comunes de un cuadro gripal: congestión nasal, tos y fiebre. En un principio, los exámenes médicos descartaron complicaciones y su familia pensó que se trataba de una influenza leve. Sin embargo, el cuadro clínico cambió de forma abrupta, encendiendo las alarmas sobre la necesidad de no subestimar ningún síntoma en la infancia.
De un cuadro leve a una emergencia crítica
El 13 de octubre se registraron los primeros síntomas. Samuel no mejoraba y, ante la persistencia del malestar, su madre lo llevó a una guardia médica. Los estudios descartaron Covid-19 y confirmaron influenza B. Aunque los resultados iniciales no mostraban signos de gravedad, el cuadro se agravó rápidamente: dolor en el pecho, dificultad para respirar y fiebre alta llevaron a la familia a realizar nuevas consultas.
A pesar de los controles y una tomografía que no evidenció complicaciones severas, el estado de Samuel se deterioró en cuestión de horas. Fue internado en terapia intensiva, intubado y sometido a maniobras de reanimación, pero desarrolló insuficiencia orgánica múltiple y no respondió a los procedimientos médicos. El desenlace fatal llegó tras 48 minutos de intentos por estabilizarlo.
La advertencia de los especialistas y el llamado a la prevención
El caso de Samuel puso en evidencia cómo afecciones aparentemente comunes pueden esconder riesgos graves. Su madre, Inês Custódio, relató que el niño no había recibido la vacuna antigripal ese año porque estaba resfriado durante la campaña. El infectólogo y pediatra Renato Kfouri explicó que, aunque la gripe suele cursar de manera leve, en algunos casos puede desencadenar complicaciones graves e incluso fatales.
Médicos especialistas recomiendan no minimizar síntomas persistentes o intensos y acudir a una consulta médica ante cualquier duda, especialmente en niños y adolescentes. Los primeros signos — fiebre, cansancio, dolor de cabeza y congestión — pueden confundirse con patologías leves, pero la evolución rápida hacia la gravedad exige atención inmediata.









