LECTURAS RELACIONADAS
El cerebro humano está programado para aprender por asociación directa de causa y efecto. Si nos quemamos al tocar algo caliente, el cerebro aprende que eso es peligroso. Si agitamos un árbol y caen frutos, aprendemos que eso produce un resultado.
Este mecanismo de supervivencia, tan útil en la naturaleza, es el mayor enemigo de un jugador cuando se sienta a la mesa de cartas. En este juego se puede hacer la peor movida estratégica y llevarse todas las fichas o la jugada matemáticamente perfecta y perderlo todo.
El hecho de evaluar una decisión solo por el resultado de la mano se llama sesgo de resultado, y este es una de las principales causas de que muchos jugadores aficionados nunca lleguen a mejorar realmente. Cuando alguien se lleva un bote grande en una apuesta loca, su cerebro libera dopamina, reforzando ese comportamiento. Se cree que hizo una lectura magistral o que tuvo una intuición brillante cuando simplemente tuvo suerte. Y no estar consciente de ello creará una falsa aprobación que a la larga le saldrá muy cara.
Y es que el tamaño importa para ajustar la percepción
Para romper con este molde mental, es necesario transformar la manera en la que se juega y se estudia el juego. No es suficiente con mirar las manos grandes que se ganaron o perdieron al final de la sesión; hay que saber con qué frecuencia suceden ciertas situaciones.
Para construir esta mirada estadística, es bueno apoyarse en sitios que ofrezcan software mejorado y gran variedad de juegos de poker como Texas Hold’em, Omaha o formatos de velocidad extrema como SNAP. Al jugar en diferentes modalidades y jugar muchas manos en una interfaz sencilla, el jugador comienza a observar patrones reales más allá de la suerte de una mano individual.
La repetición en condiciones controladas va grabando en el interior que el resultado inmediato no importa. Lo que importa es si la decisión fue buena en el momento en que se tomó, con la información incompleta que se poseía.
Después de miles de manos en miles de modalidades, la varianza se suaviza y la verdad matemática emerge. Un movimiento con esperanza matemática negativa va a perder dinero en una muestra grande, por mucho que haya ganado esa noche.
El riesgo del refuerzo negativo
El sesgo de resultado es particularmente perjudicial cuando penaliza las buenas decisiones. Imagina que vas all-in preflop con par de ases, la mejor mano inicial, pero sorprendentemente tu rival paga con una mano mediocre y liga escalera en la última carta. Si te detienes a solo mirar el resultado, la conclusión equivocada podría ser que jugaste demasiado agresivo o que deberías haber sospechado desde un principio. Esto asusta, y probablemente la próxima vez que tengas ases, jugarás de forma pasiva para no perder nuevamente, cometiendo un error estratégico enorme por culpa de una mala enseñanza.
Medir el juego por lo que se gana o pierde en una sesión corta es mirar el marcador equivocado. Lo que importa es el valor esperado, que es básicamente la media de lo que ganarías o perderías si jugaras esa mano exactamente igual un número infinito de veces. Por ejemplo, si una jugada tiene valor esperado positivo, esto significa que siempre hay que hacerla, aunque en esa instancia concreta se pierda.
Los profesionales no celebran un bote que ganaron jugando mal, ni lloran uno que perdieron jugando bien, pues todos ellos comprenden que el dinero no es más que la herramienta para contabilizar en el tiempo.
Cómo hacer una revisión imparcial
Para eliminar este sesgo en el análisis, una de las mejores estrategias es repasar las manos sin “conocer” el resultado final. Por ejemplo, al momento de revisar una mano propia o la de un compañero, hay que pausar la mano en el punto de la decisión clave y preguntarse: ¿cuál es la mejor línea con el rango de manos que tengo y el rango que creo que tiene mi oponente?
Si la decisión fue correcta, es decir, fue lógica y matemática, el análisis se detiene con un buen resultado. La carta que cayó después en el river es un dato anecdótico que no debe influir en la valoración de la competencia del jugador.
Otra forma es preguntar a otros jugadores de igual o mayor nivel sin revelar el final de la mano hasta el final de la charla. Esto debido a que usualmente las opiniones ajenas no suelen estar contaminadas de emociones.
De esta forma, después de haber retirado de la ecuación el dolor de la pérdida o la emoción del triunfo, el resultado es la verdadera arquitectura estratégica de la mano. Solo después de haber aislado el proceso del resultado, eliminando de por medio variables que no aportan verdadero valor, se puede crear una estrategia fuerte que sobreviva a los inevitables altibajos de la suerte.









